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ESSAY. SURREALISM

Duchamp, Breton, Dalí, su sentido del individuo no lo tenía sin la presencia del combate, la lucha y la subversión en grupo. El yo era cuando actuaba en sociedad. El arte puede disfrutar de una autonomía frente a la sociedad gracias a su dispositivo crítico y su capacidad adivinatoria. El arte con su acción ha rechazado, primero, su humanismo estético, y luego, con la II guerra, su combatividad en grupo. Las dominantes afirmaciones del grupo dadaísta, como anti-arte, combatir el sistema, así como los continuos ataques al público del grupo surrealista son, entre muchos, la clara impotencia del arte frente a una sociedad alienada, impotente a su vez. Un grito contra el sistema museístico, incluso contra el sistema social totalizador de los regímenes fascistas que ascienden en Europa, que bajo sus sistemas unívocos ordenan toda existencia, donde la exclusión se reserva a lo diferente, incluso condenándolo al rechazo. Su territorio de investigación, experimentación y creación deberá desplazarse a las incógnitas regiones de la espiritualidad, sin perderla utopía moderna como motor de la historia. Su arte es sumamente complejo y ambiguo, hermético y mágico. Sus obras escaparan a la realización, su intención será la desmitificación de lo oscuro. Collages, obras colectivas, objetos cotidianos subvertidos que intensifican el simbolismo de lo cotidiano a un orden de lo real elevado, son algunos de los objetos – arte que surrealistas y dadaístas presentaran en una época convulsa y crítica. La declaración contra el arte en la Europa de entre –guerras encontrará una fuerza inmensa en las artes plásticas de los grupos de vanguardia, que organizados, politizados y por países desarrollaran una poética de grupo que permite encontrar la culminación de la crisis a la que Europa está abocada. Breton, Aragon y Picabia que ya habían participado en la revista Dada, desarrollaran el Surrealismo que tomaría a partir de los años 20 una línea propia,desplazándose de la corriente dadaísta.El Surrealismo también buscará una salida al problema de lo real, como sistema racionalista y humanista fallido, centrándose en el objeto como una materialización del deseo. La imposibilidad de acogerse a la materia como respuesta a lo espiritual, toma en el grupo surrealista una consideración en torno al objeto como desdoblamiento del sujeto, donde se proyectan sus deseos. Así el objeto del deseo es la plasmación de lo íntimo,personal. Todo objeto es distorsionado ante las condiciones de percepción. Influidos por la teoría freudiana, cualquier percepción es como el acto de la infancia, que posee aquello que ve. La visión es sujeta a cambios de percepción y todo objeto es considerado arbitrario. Es la mágica idea de la metamorfosis donde el concepto de objeto es concebido como un ser que actúa libre y arbitrariamente[3]. El carácter arbitrario, libre, es la máxima expresión de los sueños. En una época de autómatas y cataclismos, los surrealistas se reúnen para sus experimentos donde expresan el deseo por el objeto, por los objetos del sueño. El sueño procede desplaza los límites de lo real. El poder imaginativo corrompe las bases de lo legítimo en arte, literatura y sociedad. Creen en un progreso paranoico y activo de la mente que sistematiza la confusión y desacredita lo real. El objeto es un desdoblamiento del yo, un segundo ser, y actúa como comunicador en un proceso sumamente poético. Codificación, simbología,evocación y sugestión frente al error realista. El objeto al ser considerado a partir del deseo se desarrollará como un algo deseoso de poseer, de conquistar, algo que nos acerca a la voracidad de la posesión y al hambre del deseo. El objeto será arbitrario, simbólico y comestible. El surrealismo permite un sistema de composición que alentaba cualquier muestra de realidad, acercándose a un proceso metafísicos del pensamiento.Encadenamientos de ideas, sueños y fantasías conforman el imaginario surrealista que con sus estrategias de grupo – experimentos surrealistas, reuniones, obras en grupo – incorporaban una nueva tradición al arte que rechazaba lo hegemónico, en una época de entre-guerras en la que el sujeto se encontraba en un punto de deriva contra las instituciones que hasta entonces tan solo habían posibilitado un arte burgués que no se comprometía con la lucha, el misterio, la oscuridad y la revolución. La imposibilidad de alcanzar la expresión del espíritu en las creaciones artísticas que recogen el estado de crisis de la europa de entre –guerras desenlaza en las vanguardias con una producción de objetos – arte que toman elementos cotidianos y de la vida corriente para escenificar lo oscuro. Aunque en estos objetos – arte se incluya una fuerza de contingente poético, los objetos – arte de vanguardia son una muestra de la crisis de lo espiritual en el arte anunciado por Hegel. Las vanguardias buscaban en el seno del grupo un resguardo para la verdad, la lucha, su intención de combatividad y su utopía social fuertemente anclados en la tradición del Materialismo Dialéctico les impulsa a la creación en grupo con obras que intentan resolver esta tensión dialéctica espíritu – materia, salvada con la inclusión de la vida del artista y su participación con lo social a partir del grupo. La dialéctica entre arte y vida, entre real e imaginario producirá en lo artístico un giro hacia lo vulgar y banal, que resulta ser producto de lo cotidiano y diario. Azúcar, zapatos, langostas, teléfonos, perfumes serán los objetos – arte de la esta producción artística de la época de entre – guerras. Estas dos consecuencias establecen el fin de la modernidad posterior a la crisis de la II guerra mundial. El fracaso de la utopía se entiende con el desplome que sufre Europa con la segunda guerra mundial, y con la dispersión de los artistas de vanguardia hacia Estados Unidos. Lo dialéctico espíritu – materia es irreducible en una obra y la característica de irresolución es declaración para definir el arte. Si falta este componente, el arte deviene producto y comercialización. Su tensión estética está en el hecho irresoluble. Hace .La obra de arte será aquella que asuma su complejidad, su tensión. No una estancia cerrada y conclusa.